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Evropa



Quién hubiera dicho que los terrones de azúcar y los lentes de contacto son invenciones checas pero, algo muy común con Perú, es que crean algo y otro país se lleva los méritos.
Los final touch ups en Lima fueron más tranquilos de lo que yo pensaba, pude dormir dos horas por lo menos. Se me ocurrió pedirle un carry on a mi mamá pues podía llevar dos maletas de 23 kg. cada una, pero eso no significaba que podía meter los 46 en una sola, y a dios gracias no tuve exceso de equipaje. Era la primera vez que viajaba al extranjero por la mañana, el taxista, como muchos peruanos aún piensan, me preguntó: ¿Y qué vas a hacer en Checoslovaquia? Cuando República Checa y Eslovaquia son dos naciones distintas desde 1993. Antes de llegar a mi querido Jorge Chávez, un policía de tránsito me recordó por qué, entre varias razones, me iba al otro lado del mundo por tres meses: Se pasó la luz roja para poder doblar antes que el resto y luego dio el pase cuando nosotros estábamos en verde, creando un caos vehicular por diez minutos a las 6:40 am en la intersección de Escardó con La Marina, como bien dice mi novia, el Perú es el único país donde los policías joden el tránsito en vez de ordenarlo.

Era la primera vez que embalaba mi maleta con los tipos que te cobran US$ 10, llevaba algo sagrado en el carry on: Inca Kola. Luego de una gaseosa de 10 soles en el smoking bar, y de hacer tiempo mientras me estaba meando, me llamaron a abordar mi vuelo de TACA hacia Caracas. A mi lado se sientan dos venezolanos forrados con buzos de la selección nacional de atletismo. Amablemente empiezo a poner mi equipaje de mano en los compartimentos superiores, cuando un “PERMISO AHÍ PANO” me interrumpe abruptamente, ya estaba advertido de la amabilidad de sapiencia de estos caballeros. A dios gracias, esperaron PARADOS, mientras el avión despegaba, a ver qué asientos estaban desocupados, y se movieron ipso facto, dejando 3 asientos para mi solito. Llegar a Caracas para un stop over de tres horas no fue precisamente una experiencia religiosa. Desde el avión se veía bonito pues el aeropuerto de Maiquetía está cerca al mar, pero a la hora de llegar al food court y que te quieran cobrar US$ 25 por un combo en el Burger King se te quitan las ganas de aportar a la economía venezolana. Debo recalcar que olvidé una bolsa en el baño del aeropuerto y el señor que limpiaba el baño me llamó para alertarme sobre este hecho, cosa que agradezco profundamente a este incógnito, pues se trataba de mis tres cartones de Lucky Strike que compré en el duty free. Empecé a preguntarme por qué habían tantos chinos en la sala de espera de mi vuelo, luego descubrí que iban en mi vuelo pues en Frankfurt hacían conexión a Cantón, y a mi me caen muy bien los chinos pero no sus hijos, pues no pararon de llorar en todo el eterno vuelo de diez horas entre Caracas y Frankfurt am Main. Aterricé en Frankfurt, luego de dar vueltas por 25 minutos alrededor de dicha ciudad por el enorme tráfico aéreo, y ya olía distinto, a otro mundo, a progreso, a orden, a otra mentalidad. Los oficiales de migraciones fueron, contra todo pronóstico mío, muy amables, y un estudiante alemán miembro de AIESEC tuvo la amabilidad de mostrarme la ciudad por doce horas, que era el tiempo que faltaba para tomar el bus a Praga. Nótese que viajar en bus es jodidamente más barato que cualquier otro medio en Europa. De Frankfurt me quedo con el S-Bahn, su sistema de trenes impresionante y los panes y bagels dulces. Pasada la noche, y luego de un evento de AIESEC en la bolsa de valores alemana, regreso al aeropuerto para tomar mi bus, y me empezaba a temblar el cuerpo, estaba a punto de llegar a mi destino final.

La azafata me miró con cara de “¿no vas a subir al bus huevón?”, luego de pagar € 7 por mi segunda maleta y quedarme parado esperando a queme dijera “pase adelante joven”.
Me tomo un chocolate caliente, pido un periódico checo y se me sienta una señora checa al lado que, a Dios gracias, habla español, y me contaba acerca de su hija, que vivía en Cuba. Me dijo que ni en los peores momentos de Checoslovaquia estuvieron tan mal como en Cuba. A todo esto, cosa curiosa, el primer vuelo interoceánico de Czech Airlines fue, justamente, a La Habana, lógicamente por la estrecha relación entre países comunistas durante la guerra fría.
Van pasando las horas y el aterrador orden y perfecta señalización de las carreteras alemanas me producen espasmos. Me pongo a pensar cuándo, de una maldita vez, voy a estar en territorio checo. Aguanté hasta cuando los carteles empezaban a decir que estamos cerca de Praga. Me quedé dormido cinco minutos y me perdí el paso fronterizo. No pararon al bus así que funcionó realmente como el Estado Schengen. Me desperté cuando el bus hizo una parada en un grifo para llenar el tanque de combustible y aproveché para tomar la tan comentada Kofola, la cola checa. Lamentablemente no fue lo que yo esperaba, sabía a Coca Cola con un exceso de esencia de vainilla. Pagué con mi tarjeta de débito y el tipo del grifo me dijo GREEN, como para que aprete el botón verde del POS para confirmar el monto…cómo si después de dos días sin dormir y estando recién llegadito a Europa me importara confirmarle su monto, pero bueno, debo agradecer que acá son más honestos que en mi lindo Perú. Salimos del grifo y pasamos por Plzeñ, ciudad donde se inventó la fórmula de la cerveza tipo Pilsen, no era tan chica como yo pensaba, nótese que República Checa es sólo más grande que Panamá, ¡inclusive más chica que Uruguay!

Luego de esta parada, se me vinieron muchas imágenes a la cabeza, lógicamente muchas referentes a mi relación, y apenas llegué a Praga, y la vi ahí, con un chullo puesto, no sé si precisamente porque así sería más fácil reconocerla o porque la pobre se cagaba de frío porque estábamos bajo cero, de hecho al día siguiente nevo; pero ese abrazo de tres minutos, esa sensación de que hiciste algo que nadie pensaba que podías hacer, y la emoción de vivir el momento Kodak más impactante de mi vida, hacían bajar el volumen de La Carretera de Julio Iglesias: “Llueve y está mojada la carretera, qué largo es el camino, qué larga espera. Kilómetros pasaron pensando en ella, qué noche, qué silencio, si ella supiera que voy corriendo pensando en ella”.

Estoy en Praga, República Checa.

3 Responses

  1. Daniel

    Que buena experiencia Pedro!, finalmente en Europa…un fuerte abrazo y sigue manteniéndonos al tanto con tu blog. Disfruta de tu flaca y de tus vacaciones en Europa.

    marzo 26, 2010 at 2:17 am

  2. Roha Gil

    Cruzar el Atlántico por amor!! ha de ser el mejor viaje de la vidaaaaa

    abril 5, 2010 at 12:02 pm

  3. Carla

    Estoy pensando seriamente en hacer q vengas a trabajar conmigo. Eres realmente talentoso al escribir.

    Un beso,

    abril 6, 2010 at 12:05 am

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