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El Profesional


Se habla mucho, hoy en día, sobre el contexto actual en que los jóvenes están iniciando sus carreras a nivel global. La sociedad 2.0 ha llegado a transformar, incluso, la organización informal, la manera en cómo se relacionan sus colaboradores. Pero más allá de lo meramente organizacional, veo con marcada preocupación la cultura corporativa incipiente que empieza a calar en la mente de los estudiantes de las universidades top del Perú, cultura que sigue, lamentablemente, los patrones sociales que aún nos impide romper los esquemas y seguir siendo un país tercermundista. No señores, no es la falta de recursos, no es la falta de voluntad política, no es la falta de presencia del Estado, ni de su Ius Imperium. No es Tulio Loza ni Mónica Cabrejos, ni los TLCs o la CGTP. Es, en concreto, nuestra mentalidad, añeja, como una barrica de roble de Eslovenia donde se reposa un vino Tacama, de la que todos hemos sido víctimas, pero que también hemos, en algunos casos, sabido, o al menos tratado de sobrepasar.

A medida que he ido avanzando en mi carrera, ha sido cada vez más común ver las aulas de mi universidad coparse de jovenzuelos en saco y corbata, sport elegante, casual friday y de jovencitas en sastre y tacones, o high heels, como he llegado a escuchar de limeñísimas bocas, derramando lisura, por cierto. Ya uno empieza a entender que si pensaba que se metió a estudiar Administración porque no tenía clara su verdadera vocación no fue necesariamente una perita en dulce, como muchos creen, o que realmente la versatilidad de esta carrera, desde la otra óptica, permite desevolverse en varias áreas la organización moderna. Ver que tus amigos se duermen en clase porque tuvieron que amanecerse para estudiar para un control de lectura porque en la chamba, nombre coloquial que le atribuyen a una empresa u organización del Estado que les brinda formación profesional en la modalidad de Práctica Pre-Profesional, lo cual no constituye un vínculo laboral formal, los hicieron quedarse hasta altas horas de la noche realizando tareas que vaya que son parte del Job Description de un empleado con estabilidad laboral, y que vio en este o esta joven perito mercantil a su pequeña víctima, su chuli, su mano de obra barata. Mala práctica realizada, que, a Dios gracias, la llegada de compañías transnacionales, o internacionales, la ha ido reduciendo progresivamente, pero no en una manera drástica.

Más allá de los recovecos legales o de las buenas intenciones de los primerizos en estas faenas, el punto central viene a ser la motivación de los estudiantes para ingresar a practicar a una empresa. En el caso de la Universidad de Lima, con buen criterio creo yo, se obliga a los estudiantes a practicar un período mínimo de 6 meses, y creo que esto es algo positivo, algo que agrega valor al producto final de la universidad: el egresado. Pero más allá del carácter obligatorio, la verdadera motivación de los estudiantes es, sin lugar a duda, la subvención económica, la platita, la que les permitirá observar relámpagos de alcohol en Aura, Gótica, Embarcadero, y, por qué no, el boulevard de Los Olivos. Lo que les permitirá a las chicas comprarse carteras, accesorios, maquillaje, y lo que les permitirá a los jóvenes poder invitar a alguna de las señoritas en cuestión a pasar una agradable velada, la chelita bien elena con los amigos, un bisteck a lo pobre en El Buen Sabor, la pichanga en el Weberbauer, la nueva camiseta de la selección peruana, o el taxi para evitar la infatigable unidad de transporte locomotor de nuestra ciudad, la combi. Y mejor aún cuando tus clases terminan a las 10 PM.

Hasta aquí todo muy bien, no se le puede exigir a un muchacho de 22 años empezar a planear su línea de carrera o su cuadro de sucesión. Pero la motivación, creo yo, debería ir amarrada a un deseo de aprender, más allá del aporte económico, bastante humilde, que recibe un practicante.

Las empresas cuyas matrices se encuentran en Estados Unidos, Europa, y sin ir más allá, en Brasil o Chile, incluso Colombia, tienen una ventaja competitiva sobre la mayoría de empresas peruanas en lo que se refiere al trato con el practicante. Y lo digo con conocimiento de causa, pues he tenido la suerte de poder practicar en empresas de otros países, tanto como peruanas. Por supuesto, en las peruanas jamás me mandaron a hervir agua para el cafecito del VP, pero sin embargo sentí que en las internacionales había algo distinto. Y eso distinto es que realmente ellos te ven no sólo como una mano extra, sino como alguien que tiene un conocimiento parte de su edad, que posiblemente sea su público objetivo, y te ven como alguien que les puede servir en un futuro a corto plazo, luego de terminar la universidad, donde la inversión que realizan en tu práctica puede tener un ROI mayor al evitarse costear los procesos de reclutamiento, selección y capacitación para un puesto, donde esto también impacta dentro de la organización, al mostrarse como un lugar donde realmente brinda oportunidades de crecimiento profesional y desarrollo para sus colaboradores.

Incluso con esta premisa, muchos jóvenes son aves de paso en estos centros, pues sólo se limitaron a cumplir, o no cumplir, su parte del convenio. En algunos casos dijeron que no era lo suyo, en otros casos que eran explotadores, en otros casos que no les gustó la cultura (me gustaría verlos definiendo esa palabrita), y en otros casos que el “sueldo” era muy bajo, cuando no creo que esta subvención realmente, en ningún caso, cumpla con las altas expectativas de los practicantes. En mi opinión, esto se presta más para las prácticas en empresas peruanas, pues sus procesos no logran involucrar a los practicantes como parte de, sino como algo eventual, extemporáneo. Son, justamente, los practicantes de las empresas internacionales en el Perú que al migrar a organizaciones peruanas las han empezado a nutrir de estas técnicas, y que poco a poco han ido evolucionando.

Meramente por el lado de los estudiantes, dentro de los viajes que he podido realizar, me he podido percatar de algunas diferencias entre los estudiantes peruanos y los de Chile, Argentina, Uruguay y Europa, y la diferencia está en el nivel de competitividad laboral que presentan estos países y su posición comercial en el mundo. Los perfiles, en estas edades, es decir, cuando están ad-portas de terminar la universidad, son muy similares. La diferencia radica en las ganas de salir al mundo en estos otros países. En Europa, es algo IMPRESCINDIBLE haber pasado por lo menos un semestre de Erasmus (intercambio estudiantil europeo) o tres meses en una práctica de desarrollo de AIESEC, desarrollándose en una pasantía en algun rincón del mundo, y son estas experiencias los que logran consolidar un perfil profesional académico más interesante que el peruano, incluso teniendo probablemente más experiencia en prácticas en organizaciones, pues el sistema educativo europeo es distinto y los jóvenes empiezan a trabajar formalmente luego de haber obtenido su maestría, la cual, por cierto, se obtiene en promedio a los 24 años, meramente por diferencias del sistema. Pero básicamente, radica en las ganas de un aprendizaje intercultural, de poder aprender a trabajar en equipo con miembros de diversas partes del mundo eficientmente, de conocer nuevas culturas, lo que hace que los peruanos no precisamente lideren los ránkings de educación a nivel mundial. Y es que nuestra mentalidad es así. Heredamos gran parte de nuestra cultura del colonialismo, no es interesante hablar con los alumnos de intercambio, de hecho, los alumnos de intercambio están tan mal considerados en el Perú que ni siquiera se les brinda carnet de la ANR para que paguen medio pasaje, o para que puedan obtener el carnet universitario del Metropolitano, sólo les dan el carnet de la universidad donde realizan su intercambio. Cuando estos muchachos viajan por el Perú, son engañados muchas veces por los lugareños, donde se les cobran precios por encima de lo normal, y la señalización en inglés en cualquier ciudad del Perú está en el subsuelo, incluyendo a Lima, lo cual hace algo traumática la adecuación de los estudiantes extranjeros a la cultura peruana.

Creo que en el Perú los estudiantes piensan que basta con haber pasado un verano en un Work and Travel en USA para lograr un perfil diversificado. De hecho, el Work and Travel radica en su gran mayoría en el incentivo económico, más no en una oportunidad de aprendizaje profesional.

Los estudiantes peruanos tampoco tienen la culpa del modelo educativo actual, que no está necesariamente mal en cuanto a conocimiento, pero creo que se encuentra desfasado en cuanto a interculturalidad, y no me refiero a la externa, sino también a la interna, y también a la inserción del Perú en el concierto global. Hay varias oportunidades donde los estudiantes pueden pasar crecer como estudiantes, profesionales, y como personas, como es el caso de AIESEC, programa donde uno puedo aplicar a una pasantía en más de 100 países a nivel mundial, liderado exclusivamente por estudiantes. He tenido la oportunidad, y la suerte, de pertenecer a AIESEC, pero con AIESEC no basta, y esto es algo que siempre le comento a los miembros. AIESEC es sólo una de las tantas plataformas de desarrollo que puede tener una persona, no es una biblia, no es la solución a todos los problemas, ni tampoco es la verdad absoluta. Es un gran espacio para aprender a trabajar, para conocer otras culturas y para generar amistades, pero los jóvenes, y no me refiero con esto sólo a los AIESECos, sino también a los miembros de cada una de las varias asociaciones estudiantiles de nuestras universidades, como Coherencia, la JCI, Acción Universitaria, IAESTE, Convergencia, Contingencia y otros -isms, que creen que porque son miembros de una de las anteriormente mencionadas ya ganaron la gracia divina. El reto de estas organizaciones es de ser un medio para un aprendizaje superior a esta edad. No deben ser el fin, no deben cultivar la cultura de los elegidos, de los 300, sino de los que pasan un tiempo ahí para aprender y buscar luego un aprendizaje superior.

Considero también una oportunidad bastante interesante un intercambio estudiantil en el extranjero. En otros países, incluso en Chile con sus protestas estudiantiles, se aporta un buen porcentaje de subvención por parte de la propia universidad en estos programas. El costo del intercambio para un estudiante peruano puede ser sustantivamente más caro en comparación con sus pares de la región, y lamentablemente es por esto que es restringido. Pero no hay peor recurso que el desperdiciado. Si tú que me lees puedes financiártelo, ANDA, es una oportunidad excelente no sólo para estudiar en una universidad posiblemente mejor que la tuya, sino para demostrar que tu universidad es buena, que el Perú exportó en tí talento, una oportunidad para hacer amigos, ampliar tu red de contactos, aprender y vivir sólo y, por qué no, conocer el amor.

Esta generación 2.0 de estudiantes peruanos posiblemente sea la que pasó sus años de universidad en un contexto de bonanza económica sin precedentes, probablemente sea la que más salió al extranjero, la que tuvo la suerte de contar herramientas tecnológicas cuyos padres no pudieron utilizar, pero es también la que está llamada a dar ese paso más que el resto no pudo, o no se atrevió a dar, a eliminar esa mentalidad donde se piensa que porque nuestra comida es rica, porque los noticieron muestran más sangre o porque damos risa somos un mejor país. La única manera en que podamos probar que somos un mejor país es cuando logremos aprender de los que ahora son grandes para poder llegar a ser igual o más grandes.

One Response

  1. Rozer Toney

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