Moje hlavní stránka

El eterno examen final.

Hace exactamente 3 años estaba ahí, al borde de la pileta central de la universidad. Estaba ahí, no sé si con una mirada incómoda, como pensando en “¿por qué estos huevones salen en la foto si con las justas fueron a un evento”?. En esos días yo era el alumno más hincha de la Universidad de Lima. Iba a cualquier evento donde me necesitaran para representar a la universidad, me hubiera tatuado el escudo de la universidad en el cuello, me hubiera enfundado en la bandera que aún flamea de cara a la Javier Prado. En esos días recién empezaba mi camino en AIESEC, sufría, y hoy hasta aún sufro, de egoísmo intelectual. Me divertía pensando en que todos los demás son tontos, y yo no. Que la gente se asustaba con llevar siete cursos, y yo los llevaba, aunque sufría para pasarlos todos. Hasta ahora no me explico cómo pasé teoría de precios yéndome por 09 en el final, y sacando 09 clavado. Necesitaba un 12 para pasar Macroeconomía, y me saqué 13. Claro, después me aprobaron el rezagado de un práctica no dada por una fiebre que me jugó una mala pasada, pero hasta ese momento no sabía si me lo iban a aprobar, por lo que asumí que me iba por 12.
Hoy, tres años después, la vida me va enseñando que la planificación estratégica es algo que sólo atañe a las empresas. Yo para el 2011 planeaba ya estar graduado, preparándome para algun intercambio de AIESEC, con una buena chamba y ganando, por lo menos US$ 1000 al mes.
Al 26 de Diciembre del 2010, trabajo para la embajada de un país centroamericano, que si bien no aporta en gran medida en el tema económico, me está empezando a enseñar que para la vida real uno tiene que tener cierto tino a la hora de hablar, a la hora de vestirse, hasta cómo caminar. Todos los que me conocen saben cuál es mi comportamiento. No pretendo cambiarlo, sólo saber cuándo ser yo y cuando ser mi versión polite. Hoy disfruto de una relación digna de ser contada en una película de amor con una mujer increíble que me enseñó que la humildad y el esfuerzo pueden llegar a ponerte en un sitial bastante prometedor como el de ella, para su corta edad. Hoy día me debato entre dos continentes, por ella y por mí. Verla sonreir es mi insulina. La canción I Still Haven’t Found What I’m Looking for se queda chica en esta historia, y es, creo, de lo que más me siento orgulloso en mi vida, so far, so good. Y por lo mismo, la vida llega a un punto en donde te dice que se acabó la protección paternal, que ahora dependes por tí mismo, que ahora no está tu viejo para putear a la miss para que te suba un punto en la libreta, o para que te firme la tarjeta blanca que siempre fue puesta injustamente. Para mí, cada ciclo es una findal del mundial. Cada curso por donde me voy por una nota alta es una cajetilla de cigarros por día. Quisiera ser aquel chiquillo regordete de 21 años recién cumplidos, donde pensaba que por venir de Ing. de Sistemas iba a terminar Administración al toque porque era una perita en dulce. Es difícil para mí soportar ver gente que, a mi criterio, no saben los cursos como yo, pero sin embargo necesitan menos nota que yo para pasar los cursos. A veces me pregunto cuál es mi problema. Participo un montón en clase, voy a clases, me esfuerzo como todos, incluso doy la imagen de ser probablemente el sabelotodo, pero mi desempeño no es el esperado por mí. Sin embargo, la segunda mitad del ciclo fue positiva, levanté nota y creo que es la hora de tener un felíz corolario. Me siento como un equipo de eliminitorias al mundial que sólo depende de sí mismo para conseguir el cupo. A veces, y sobretodo cuando comparo mis logros con los de mi novia, siento que me quedé chico. Pero, mal que bien, a mis 24 años años estoy haciendo mi cuarta practica, y la primera fue en LAN, cuando aún estaba en 4to ciclo y superé a un “sabelotodo” de Industrial de la Católica. En AIESEC viajé por 3 países llevando el nombre de mi país, creo, en buena forma. En Praga, algun estudiante de mi clase me dijo que nunca había visto una exposición como la mía. Creo que no estoy tan mal como pienso, aunque el pesimismo puede ser traicionero. Sin embargo, la fibra de una persona sale a relucir en los momentos más críticos y creo que este es uno de ellos porque realmente siento que puedo, que voy a volver a callar 100,000 bocas que me dijeron “no puedes”, como en marzo, que realmente sé de lo que hablo, y que aprendí a ser humilde, hasta en los estudios. Que el amor por ella hizo que esto fuera posible, y que yo hice posible el amor por ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *