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El Espíritu del Sur del Mundo

Yo no compré en el Apumanque. No me bastaron cinco días. La cagó la cordillera. Mi tarjeta bip! aún tiene saldo. Me perdieron la maleta en Iquique y la encontré en Santiago. El Tur Transfer me paseó por Pudahuel, Lo Prado y la avenida O’Higgins, conocí el Caupolicán y pagué $1200 por una lata de Pap en el aeropuerto de Iquique. No podía con la emoción de regresar a Chile y ver a la imponente cordillera toda blanca. Cien mil reencuentros con viejos amigos. No quería que esto terminara. No me doy cuenta que esto recién empieza. Almorcé en el Unimarc y viví entre la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile (donde está la oficina de AIESEC Santiago) y Las Condes, gracias al campeón. Hice Ají de Gallina y Carapulcra y no sé cómo rindió para siete personas. A lo Cristo. Presenté a mi equipo y mi ciudad. Impacté. Me curé en un bar de Bellavista y canté Chile Lindo a viva voz. Tomé la 407 a las 2 AM y me curé otra vez al día siguiente, en una noche ecuatoriana en Santiago. Era el aniversario de Guayaquil y una trainee estaba celebrando. Fui con mi casaca inspirada en colores guayacos. A Dios gracias el cielo jugó a mi favor y mi capacidad de terminar sobrio salió a relucir esa noche. Dicen que en AIESEC la gente viene para volver a irse, pero yo me voy para volver a ir. El Tur Transfer me devolvió a Pudahuel y enrumbé hacia la región centro-este de Argentina, sobre la orilla occidental del Río de la Plata, con la inmensa y fértil llanura pampeana extendiéndose hacia el oeste.Manuel Tienda León me llevó a Retiro. La maleta me armó un quilombo. Esperé tres horas por mi bus, mientras leia la revista de LAN y fumaba los Marlboro argentinos, como para ir agarrando el color local. Río Paraná anuncia la salida de su servicio con destino a Tandil. Me dan la bandeja con un sanguche, unas club social, un alfajor y una caja de jugo de naranja. Cinco horas hasta Tandil. Me hospedé frente al Hotel Crillón y me hizo recordar al hotel más repipi de los años 60 y 70 en Lima. Fue un día intenso, lleno de reuniones, presentaciones, proyecciones. Lleno de mujeres muy simpáticas también. Presenté a mi equipo y mi ciudad. Impacté. Compré en Carrefour por primera vez en mi vida. Me siento como un imbécil al emocionarme ante tan magno acontecimiento. Comí asado y pollo del Ombú. Me compré un Nescao y una Schweppes Citrus, adicción que no pude controlar hasta que terminó el viaje. Cinco Quilmes cerraron mi paso por Tandil, una ciudad chica, pero de corazón grande.El campo argentino se convierte en mi compañero hasta regresar a Buenos Aires. El genio me recogió de Retiro. Conocí la UCEMA, heartland de AIESEC Cono Sur. Me quedé en Villa Devoto, un barrio bastante simpático, y comí hasta decir basta. El taxista me hizo el habla hasta llegar a Palermo. Tuve un cambio de humor alucinante. Conocí el Alto Palermo y cumplí uno de mis sueños: Decir todas las estupideces y sonidos onomatopéyicos de Alejo y Valentina en el mismísimo Buenos Aires. Fue un día intenso pues gracias al genio conocí la ciudad en tiempo récord. Tomé el subte. Tomé el bondy. Tomé Paso de los Toros. Conocí Puerto Madero. El genio me dice que le gusta caminar por lo que será su futuro barrio. Comimos en Mostaza, el burger grill argentino, porque el genio se estaba meando. Regresamos a Palermo y dormí cuatro horas. Me levanté y directo a la UCEMA. Reunión con la junta directiva en un café. Sesión de ventas con alumnis. Sacar plata en el cajero. Presenté a mi equipo y mi ciudad. Impacté. La belleza de la mujer porteña también me impactó. Pitu me invitó a almorzar y le advertí de mis austeros hábitos alimenticios. Le debo un combo Stackers cuádruple en el Burger King. Me hace la taba al terminal de Buquebus y me voy a la República Oriental del Uruguay.

Yo llegue a Montevideo, previo paso por Colonia del Sacramento. Parecía como si las escenas de Whisky cobraran realidad. Me quedé en sitios distintos cada día, lo que me permitió conocer a más gente de otros países también. La primera noche solo fueron un par de chelas y 4 vueltas al centro de Montevideo porque no dejaban comprar chela después de las 12, así que tuvimos que buscar un alma caritativa que nos vendiera bebidas espirituosas en bolsa negra. Al día siguiente fui al mercado del puerto y comí parrilla uruguaya. Me daban ganas de zamparme toda la parrilla. Cerro campeonó la liguilla pre libertadores. Me compro otra Schweppes Citrus. Fiorentín me recoge, acaba de llegar de Punta del Este. Me voy a la casa de los trainees. Le digo a la cajera del supermercado que vengo a consumir. Los alfajores Cadbury son mi perdición. Salgo a tonear y me tomo un pisco sour en El Pony Pisador. Cerro fue a celebrar al mismo bar. Al día siguiente me fui al depa de una franco-uruguaya y cociné en la noche. Me encontré con el Colo, ex-trainee en Perú. Conocí la Católica y seguí impactando. Me comí un Baurú y me tomé 3 cervezas en la rambla. Me fui nomás, y viajé por 24 horas hasta llegar a Lima.

Mientras viajaba de regreso en el Buquebus, me puse a pensar en todas las experiencias que tuve en este viaje. Me reencontre con personas con las que probablemente no me hubiera visto más, conocí a un huevo de gente, hablé sobre mi país, mi universidad, mi equipo, mi gente. Cumplí sueños y objetivos. Arranqué sonrisas, y me reencontre con uno de los culpables que hizo que yo este escribiendo esto, el loco Lauriano, quien fuera Presidente de mi comité cuando yo ingresé, y lo volví a encontrar, esta vez en Buenos Aires, hasta en eso nos ayudó el cabrón! Con él empezamos y tenemos que recorrer el trecho largo de la sostenibilidad.

Quiero agradecer a cada persona que hizo posible que estuve donde tenía que estar, y a los que compraron la idea de querer generar lo que realmente hace andar a nuestros países, el pleno desarrollo del potencial humano y el intercambio cultural.

Qué no daría por tomar la línea 1, hacer combinación en Escuela Militar, tomarme una Bieckert en un pub de Puerto Madero, comer un pollo del Ombú y meterme una tranca en la rambla de Montevideo.

Me verán volver.

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