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Cuando se acaba la fiesta

Desde la semana pasada no aguantaba más. Quería que llegara el dichoso sábado. Tuve que convencer a amigos, mandar spams y postear en grupos de Facebook para que vayan a la fiesta. Era una fiesta exclusiva, como la mayoría de las que hace gente de la Lima. 50 soles por trago, puchos y los mejores culos de Lima. Poco a poco mis amigos se fueron animando y yo me fui endeudando porque debía la entrada a un amigo. Le pagué el viernes y tuve que estudiar como loco porque el sábado tenía examen de Administración de Operaciones I. Parecía un buen día, todos salían puteando a todos y yo era uno de los pocos desubicados que pensaba, y espero que no sea lo contrario, que iba a salir bien. Todo era genial. Luego vino Jonas, un amigo alemán que vino a la Universidad de Lima por intercambio desde Bremen, allá donde debutó un tal Claudio Pizarro Bosio. Me fui a comprar ropa. Para gilearte a flacas buenas tienes que ir bien vestido: Tenía un pantalón Volcom sucio porque me lo pisaba, ya que me llega al pincho hacerle la basta a mis pantalones, y las tabas, por más Vans, ni se diga. Ya ni tenían acolchado. Así que hubo que pedir, a gritos, en mayúsculas Arial 72, plata para ropa. Fui a Ripley, no me gustó nada. Fui a Saga Falabella y había un jean Wrangler a 89 lecs, me lo probé y cuando estaba yendo a pagar…algo pasó. Era como si hubiera venido hacia mí en toma de película…leeeeeeeeeeeentamente. Un jean Calvin Klein a 100 lucas!!!!! Lo dejé todo y me lo compré. Cómo seremos de ingenuos algunos que pensamos que las cosas tienen estatus adscrito. Luego me compré unas tabas así nomás, Gotcha, porque las tabas son muy caras en las tiendas por departamentos. Luego regresamos a la jato de mi pata Knox y luego llegó otra amiga, sólo faltaba Carlitos. Llegó Carlitos y salimos, dejando atrás los estudios y abriéndole la puerta a una noche de farra y “sana” diversión. Ningún taxi nos quería llevar. “No voy cholito, no conozco”. Al décimo taxi la chuntamos, pero nos cobró 20 lucas. Qué chucha, éramos 5 y podíamos pagarlo. El tipo bajó por el cementerio Santa Rosa para no pagar peaje. Nos dimos una vuelta de más de media hora porque no ubicábamos el tono. La Encantada de Villa no nos era un lugar muy frecuente. Dimos con el tono y empezamos a chupar como locos. La gente iba llegando y se iba empilando cada vez más. Los amigos llegaban y los puchos gratis abundaban. Era un pedacito de cielo. Iban pasando las horas y ya había llegado todo al punto de saciedad, ese donde la razón y el pudor empieza a decaer con el paso del tiempo. Cada vez más parejas besándose, mas tipos manoseando a tipas en el tabladillo y alguno que otro salía del closet. A mi me llegó al pincho todo, sólo quería tomar con mis amigos y pasarla bien. Saqué a bailar a mi amiga Carito, el baile de ley, y luego regresamos. Ella para conversar y yo para tomar y conversar. Llegó Klaus, el amigo que quería entrada gratis. Se emborrachó en una hora. Todos estaban así. Recuerdo haber saludado a personas con las que no me veía hace más de 10 años. Eso pasar por pasar de un colegio pituco a un colegio no tan pituco. Los del colegio pituco ya no paran tanto contigo, pero desde que estás en la de Lima eres La Cagada en 7 Tomos.
Y me fui, con los 2 alemanes, uno firme y el otro bamba, y con mi amiga Carito en el taxi, dejando atrás lo de todas las fiestas exclusivas: Borrachos y borrachas, agarres desenfrenados, mechas, golpes y, por qué no, asumo que alguno de ellos se habrá metido su coquita en el baño. Cada día que pasa voy entendiendo por qué es chevere no haber probado drogas nunca. Nunca lo hice y nunca lo haré. Pero de hecho hago una fiesta exclusiva.

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