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Archive for febrero, 2010

¡Fuerza Chile!


Harto de ver cómo Perú y Chile viven y han vivido en tensa calma desde la guerra del Pacífico, decidí aprovechar las oportunidades que a veces se presentan en AIESEC y pude ser seleccionado como staff de un congreso realizado en Valdivia. Era la primera vez que viajaba solo, tenía muchos temores y dudas existanciales sobre mi estancia en el país del sur pero, a la vez, también iba cargado de energías y optimismo, optimismo de poder llevar un pedacito de lo que verdaderamente significa ser peruano a mis compadres y poder cantar un Kumbaya my Lord, Kumbaya alrededor de una fogata.

Chile tiene una magia, una energía indescriptible. Puede ser por mi ínfima ascendencia chilena (mi bisabuelo era chileno, aunque el otro peleó por Perú en la guerra), puede ser por el mote con huesillo, los sanguches de pollo de Los Vecinos en Valdivia, por el Ave Luco del Dominó, o, simplemente, por que no sabes si el amanecer del sur del mundo indica si el mundo termina o recién empieza.

Hice tantos amigos en mi primer viaje y también un profundo jet lag de melancolía y de sentir que tan sólo había conocido un poquito, que me quedé corto. Fue así que, gracias a AIESEC Universidad de Lima, tuve la oportunidad de volver poco más de un año después. El propósito del viaje, que incluía también a Argentina y Uruguay, era promover Lima como destino turístico y de intercambios para los estudiantes chilenos. Aunque me perdieron la maleta por un par de horas, mi primer día en Santiago tuvo un evento poco común. Estaba en un grifo Esso, o estación de servicio como le llaman en Chile, y me acerqué a la tienda para comprar algo de comer. La cajera notó que mi acento no tenía el más mínimo vestigio chilensis, y me preguntó: “Y usted joven, ¿de dónde es?”. -Soy peruano-, le dije. “Sabes wn, acabo de estar en tu país por un mes y te juro que lo pasé la raja, me encantó Lima y no podía parar de comer en cada picada que encontraba a mi paso, ¡te agrando la gaseosa!”.

No sé realmente por qué tenemos que esperar que pase algo así para que dejemos de sacarnos la mierda en los comentarios de las noticias de El Comercio o de El Mercurio, leer un “fuerza hermanos chilenos” de las letras de un peruano, o viceversa, es algo tan poco común.

Antes de irme a dormir el 26 de Febrero, una amiga mía se puso de nick “tremendo temblor en Valdivia”, le hablé pero se desconectó ráudamente. Fui a dormir, pensando que tan sólo era un temblor de esos a los que estamos acostumbrados. Hoy desperté y vi a un país, al que quiero casi tanto como mi Perú, polvoriento, lleno de escombros, de llanto y desesperación, algo que nos tocó vivir el 2007.

Hace poco más de medio año, me tomé esta foto en el aeropuerto de Santiago:

Y hoy, ese mismo punto luce así:

Es el momento de darle la mano al pueblo que es, sin lugar a dudas, nuestro pueblo hermano.

Para donar, buscar o dar información sobre personas desaparecidas, ingresen a http://www.google.com/intl/es/relief/chileearthquake/

Quisiera terminar este post contándoles que un poema mío salió ganador en un concurso literario realizado por Televisión Nacional de Chile. Después de tantos momentos inolvidables vividos ahí, quise hacerle un homenaje y, ahora, hacerlo público en mi blog, a pesar que mi poema ya fue exhibido a través de la señal internacional de TVN.

Para ver el video de Los Pinos de la Austral, ingresen aquí.

¡Fuerza Chile!


La Primavera de Praga

Voy a abrir mi pasaporte al Státy Schengenu. Voy a hacer stop over en Caracas. Voy a montarme en un avión por diez horas y evitar tener el síndrome de la clase turista. Voy a hacer agua de mi vista, rogar que el, o la, que se siente a mi lado en el avión me haga la conversa. Voy a perderme en el flughafen y sólo atinar a decir guten morgen. Voy a pasar doce horas en Frankfurt sin conocer a nadie. Voy a tomar un bus en checo y saludar a la terramoza diciéndole dobrý večer. Voy a tomar chocolate caliente como mierda, porque dan gratis en el bus. Voy a admirar cada segundo que pase. Voy a respirar mi nuevo continente. Voy a buscar y seguir el vaivén de la gente. Voy a tratar de calmarme estando cerca a Praga, para no obnubilar a mi amada. Voy a intentar sostener el llanto. Voy a abrazarla demasiado y jurar que el tiempo no pasó. Voy a intentar recopilar las historias que perdió. Voy a invitarle el almuerzo y esperar aquél consenso que rogaba día y noche mientras ella estaba aquí. Voy a demostrarle que no me fui. Voy a enseñarle que sigo aquí. Voy a agradecerle al Niño Jesús de Praga por haberme hecho el milagro. Voy a rezar un rosario. Voy a tratar bien a los mozos para evitar ir con mi comida al lavatorio. Voy a comer chlupaté knedliky. Voy a tomar Kofola. Voy a tomar el metro y bajarme en Opatov. Voy a quitarle las agujas al reloj. Voy a vencer a lo imposible y pretender ser plausible para no avergonzarla con mis demostraciones de amor. Voy a tomar mucho licor, pues ahí es barato. Voy a tener para rato. Voy a surcar entre sus puentes y escalar entre sus montes, y también hacerla reír hasta que esconda su horizonte. Voy a hacer el desayuno y a tender la cama, para que vea que tengo iniciativa. Voy a volver a estar con mi mejor amiga. Voy a decirle zima y temblar para su abrazo y pegar bien los codos para no botar el vaso. Voy a admirarla hasta el ocaso. Voy a dormirme en su regazo. Como ella no hay ninguna, y es que le debo un beso al otro lado de la luna.